Los ensayos

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Ahora bien, confesemos que el nudo del juicio sobre este deber reside principalmente en la voluntad. Algunos maridos han afrontado este infortunio no sólo sin reproche ni ofensa a sus esposas, sino con singular reconocimiento y alabanza de su virtud. Alguna mujer que amaba más su honor que su vida lo ha prostituido al deseo enloquecido de un enemigo mortal para salvar la vida de su marido, y ha hecho por él lo que de ningún modo habría hecho por sí misma.[158] No es éste el lugar para extender tales ejemplos; son demasiado elevados y ricos para representarlos con esta luz; reservémoslos para una sede más noble.

c | Pero, en cuanto a ejemplos de lustre más vulgar, ¿no hay cada día mujeres entre nosotros que se entregan sólo por servir a sus maridos, y por su expreso mandato y mediación? Y antiguamente Faílo de Argos ofreció la suya al rey Filipo por ambición.[159] De igual manera, Galba lo hizo por cortesía tras dar de cenar a Mecenas. Al ver que su esposa y él empezaban a confabularse con miradas y signos, se dejó caer en su almohadón, haciendo ver que el sueño le abrumaba, para respaldar sus amores. Y lo reconoció con bastante gracia, pues en ese momento un criado tuvo la audacia de echar mano de los vasos que había sobre la mesa, y él le gritó con toda franqueza: «¡Pero bribón! ¿No ves que sólo duermo para Mecenas?».[160]


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