Los ensayos
Los ensayos ¿Qué ventaja no les basta en un siglo tan docto? La curiosidad es viciosa en todo, pero en esto es nociva. Es una locura querer averiguar una desgracia cuya medicina la empeora y agrava, cuya vergüenza se incrementa y difunde ante todo por los celos, cuya venganza hiere más a nuestros hijos de lo que nos cura a nosotros. Te consumes y mueres en busca de una comprobación tan oscura. ¡Qué lastimosamente lo han conseguido quienes lo han logrado en estos tiempos! Si el que da el aviso no ofrece al mismo tiempo el remedio y su ayuda, es un aviso injusto, y que merece antes una puñalada que un desmentido.[166] Quien se esfuerza por atender a tal asunto no sufre menos burlas que quien lo ignora. El carácter de los cuernos es indeleble; una vez que se le pega a alguien, es para siempre. El castigo lo descubre más que la falta. Es bonito ver arrancar de la sombra y de la duda nuestros infortunios privados para pregonarlos en escenarios trágicos —y unos infortunios que sólo hieren por su relato—. En efecto, buena esposa y buen matrimonio se dicen no de los que lo son, sino de los que se calla. Hay que tener el ingenio de evitar este fastidioso e inútil conocimiento. Y los romanos solían, al volver de un viaje, enviar a alguien por delante a su casa, para que informara a las esposas de su llegada, y para evitar así sorprenderlas.[167] Y por este motivo cierta nación ha establecido que el sacerdote desflore a la esposa, el día de la boda, con el fin de privar al marido de la duda y la curiosidad de indagar en esta primera experiencia si llega a él virgen o herida por un amor ajeno.[168]