Los ensayos
Los ensayos b | Brindarles el mismo consejo a ellas para disuadirlas de los celos sería perder el tiempo. Su esencia está tan impregnada de sospecha, de vanidad y de curiosidad que no puede esperarse curarlas por vía legítima. A menudo se corrigen de este inconveniente merced a una forma de salud mucho más temible que la misma enfermedad. Porque, así como hay encantamientos que no pueden suprimir un mal sino adjudicándoselo a otro, cuando abandonan esta fiebre, suelen transferirla a sus maridos. Sin embargo, a decir verdad, ignoro si pueden hacernos sufrir algo peor que los celos. Ésta es la más peligrosa de sus disposiciones, como la cabeza es el más peligroso de sus miembros. Pítaco decía que cada cual tenía su defecto; que el suyo era la mala cabeza de su esposa: sin esto, se habría considerado de todo punto feliz.[171] Es un inconveniente muy grave, que un personaje tan justo, tan sabio y tan valeroso como él sentía que trastornaba por completo el estado de su vida. ¿Qué no sentiremos nosotros, que somos hombrecillos? c | El senado de Marsella tuvo razón cuando aprobó la demanda de uno que solicitó poder quitarse la vida para librarse de la tormenta de su mujer.[172] Es, en efecto, un mal que nunca se elimina de no eliminarse la pieza, y que no tiene otro arreglo aceptable sino la huida o la paciencia, aunque ambas muy difíciles. b | A mi juicio, quien dijo que, para formar un buen matrimonio, se requería una mujer ciega y un marido sordo, era un entendido en el asunto.[173]