Los ensayos
Los ensayos c | Una imitación mortífera, como la de aquellos monos horribles en tamaño y en fuerza que el rey Alejandro encontró en cierta región de las Indias. Habría sido difícil vencerlos de otro modo. Pero brindaron un medio con su inclinación a imitar todo lo que veían hacer. Porque, gracias a esto, a los cazadores se les ocurrió calzarse delante de ellos con unos zapatos con muchos nudos de lazos, ataviarse la cabeza con unos tocados llenos de nudos corredizos, y hacer como si se untaran los ojos de liga. Así fue como su imprudente carácter remedador les causó la perdición. Se enviscaron, enmarañaron y agarrotaron ellos mismos.[199] En cuanto a la facultad de representar ingeniosamente los gestos y las palabras de otro a propósito, que procura a menudo placer y admiración, no tengo más de la que tiene un tronco. Cuando juro a mi manera, digo simplemente «por Dios», que es el más recto de todos los juramentos. Dicen que Sócrates juraba por el perro; Zenón, con la misma interjección que sirve ahora a los italianos, «Cappari» [Por la cabra]; Pitágoras, por el agua y el aire.[200]