Los ensayos
Los ensayos Pero me disgusta que mi alma suela generar sus ensoñaciones más profundas, las más locas y las que más me complacen, de improviso y cuando menos las busco; se desvanecen enseguida, al no tener en ese instante dónde fijarlas —a caballo, en la mesa, en la cama, pero más a caballo, donde tienen lugar mis conversaciones más amplias—. Tengo una manera de hablar un poco quisquillosamente celosa de atención y de silencio, si hablo con esfuerzo. Quien me interrumpe, me detiene. En los viajes, la necesidad misma de los caminos corta las conversaciones. Además, viajo casi siempre sin compañÃa apropiada para las charlas seguidas, de manera que tengo todo el tiempo para conversar conmigo mismo. Me sucede como con mis sueños. Mientras sueño, los confÃo a mi memoria —porque sueño con frecuencia que sueño—. Pero al dÃa siguiente me represento muy bien su color tal como era, alegre, o triste, o extraño; sin embargo, cómo eran en lo demás, cuanto más me esfuerzo por encontrarlo, más lo hundo en el olvido. De igual modo, de esas reflexiones fortuitas que me pasan por la cabeza, no me queda en la memoria sino una vana imagen: solamente aquello que necesito para corroerme e irritarme en su búsqueda, inútilmente.