Los ensayos
Los ensayos Los versos de estos dos poetas,[227] que tratan la lascivia con tanta reserva y discreción, me parecen descubrirla e iluminarla más de cerca. Las damas cubren su seno con una redecilla, los sacerdotes muchas cosas sagradas; los pintores sombrean su obra para darle más brillo; y se dice que el golpe del sol y el del viento son más graves reflejos que directos. Un egipcio respondió sabiamente a quien le preguntaba «¿Qué llevas ahÃ, escondido bajo el manto?». «Lo escondo bajo mi manto para que no sepas lo que es».[228] Pero hay ciertas cosas que se esconden para mostrarlas. Escuchemos a aquel otro, más abierto:
Et nudam pressi corpus adusque meum.[229]
[Y la he estrechado desnuda contra mi cuerpo].
Me parece que me castra. Por más que Marcial desvista a Venus a su antojo, no alcanza a hacerla aparecer tan entera. Quien lo dice todo, nos harta y nos hastÃa. Quien teme expresarse, nos lleva a pensar más de lo que hay. Esta especie de modestia es traicionera; y, en particular, al entreabrirnos, como hacen éstos, una ruta tan bella a la imaginación. Tanto la acción como la descripción han de tener un aire de hurto.