Los ensayos
Los ensayos El amor de los españoles y de los italianos, más respetuoso y tÃmido, más disimulado y oculto, me gusta. No sé quién, en la Antigüedad, deseaba poseer el cuello de una grulla para saborear durante más tiempo lo que ingerÃa.[230] Un deseo asà es más pertinente en este placer rápido y atropellado, sobre todo en naturalezas como la mÃa, que padezco el vicio de la precipitación. Para atajar su huida y extenderlo en preámbulos, entre ellos todo sirve como favor y recompensa: una mirada, una inclinación, una palabra, un signo. Quien pudiera alimentarse con el humo del asado,[231] ¿no ahorrarÃa mucho? Es una pasión que mezcla, en una sustancia sólida muy escasa, mucho más de vanidad y de ensoñación febril. Hay que satisfacerla y servirla del mismo modo. Enseñemos a las damas a hacerse valer, a considerarse, a entretenernos y a engañarnos. Lanzamos nuestro último ataque al principio: es siempre la impetuosidad francesa.[232] Demorando sus favores, y desplegándolos con todo detalle, todo el mundo, hasta llegar a la miserable vejez, encuentra algún pedazo de punta, según su valÃa y su mérito. A quien sólo goza con el goce, a quien sólo gana si lo gana todo, a quien la caza sólo le gusta en la captura, no le corresponde entrar en nuestra escuela. Cuantos más escalones y grados haya, más elevación y honor tendrá la última posición. DeberÃamos complacernos en que nos condujeran, como suele hacerse en los palacios magnÃficos, por una variedad de pórticos y pasillos, por largas y agradables galerÃas, y dando numerosos rodeos. Esta dispensación redundarÃa en nuestro beneficio; nos detendrÃamos y amarÃamos durante más tiempo. Sin esperanza ni deseo, nada de lo que hacemos vale nada. Ellas deben abrigar un temor infinito por nuestro dominio y completa posesión. Una vez que se han entregado por entero a la merced de nuestra fidelidad y constancia, corren ciertamente un poco de peligro. Éstas son virtudes raras y difÃciles. En cuanto nos pertenecen, dejamos de pertenecerles: