Los ensayos
Los ensayos postquam cupidae mentis satiata libido est,
uerba nihil metuere, nihil periuria curant.[233]
[una vez saciado el deseo de su ávido espíritu, dejan de
respetar sus promesas y de inquietarse por sus perjurios].
c | Y Trasónides, un joven griego, estuvo tan enamorado de su amor que, cuando conquistó el corazón de una amante, rehusó gozarla, para no mitigar, hastiar y debilitar con el goce el ardor inquieto del que se enorgullecía y alimentaba.[234] b | La escasez infunde sabor a la comida. Ved cómo la forma de saludar que es propia de nuestra nación bastardea, por su facilidad, la gracia de los besos,[235] que, según Sócrates, son tan poderosos y peligrosos para arrebatar nuestros corazones.[236] Es una costumbre desagradable, e injusta para las damas, que hayan de prestar sus labios a cualquiera con un séquito de tres criados, por poco agradable que sea:
Cuius liuida naribus caninis
dependet glacies, rigetque barba:
centum occurrere malo culilingis.[237]
[A éste, de cuyas narices de perro cuelga un hielo lívido, y
cuya barba está erizada, preferiría cien veces lamerle el culo].