Los ensayos
Los ensayos Nuestros padres educaban la disposición de sus hijas en la vergüenza y el temor —con los ánimos y los deseos siempre iguales—; nosotros, en la confianza. No entendemos nada. c | Eso es cosa de las sármatas, que no tienen derecho a acostarse con un hombre si no han matado a otro en la guerra con sus manos.[254] b | A mÃ, que no tengo más derecho ante ellas que el de los oÃdos, me basta si me retienen para el consejo, de acuerdo con el privilegio de mi edad. Les aconsejo, pues, c | y a nosotros también, b | la abstinencia, pero, si este siglo le resulta demasiado hostil, al menos la discreción y la modestia.[255] c | Porque, como dice aquel cuento de Aristipo, hablando con unos jóvenes que se ruborizaron al verle entrar en casa de una cortesana, el vicio no está en entrar sino en no salir.[256] b | Quien no quiera eximir su conciencia, que exima su nombre; si el fondo no vale mucho, que la apariencia aguante firme.