Los ensayos
Los ensayos [Y el dolor apenas dejó un conducto a su voz].
c | En la guerra que el rey Ferdinando hizo contra la viuda de Juan, el rey de HungrÃa, en torno a Buda, todo el mundo se fijó particularmente en un soldado que tuvo una actuación extraordinaria en cierta refriega. Desconocido, fue muy ensalzado y, cuando perdió la vida, llorado. Pero por nadie tanto como por Raisciac, señor alemán, prendado de un valor tan singular. Cuando trajeron el cuerpo, se acercó, con una curiosidad común, a ver quién era; y, una vez le quitaron la armadura al cadáver, reconoció a su hijo. El hecho aumentó la compasión de los presentes. Sólo él, sin decir palabra, sin pestañear, se mantuvo de pie observando fijamente el cuerpo de su hijo, hasta que la violencia de la tristeza, que abrumó sus espÃritus vitales, le hizo caer repentinamente muerto.[10]
a | Chi puo dir com’egli arde é in picciol fuoco,[11]
[El que puede decir cómo es su ardor, arde con un fuego pequeño],
dicen los enamorados que aspiran a representar una pasión insoportable:[12]
misero quod omnes
eripit sensus mihi. Nam simul te,
Lesbia, aspexi, nihil est super mi
quod loquar amens.
Lingua sed torpet, tenuis sub artus