Los ensayos
Los ensayos flamma dimanat, sonitu suopte
tinniunt aures, gemina teguntur
lumina nocte.[13]
[esto, mísero de mí, me arrebata todo sentimiento. Pues apenas te veo, Lesbia, trastornado, nada encuentro ya qué decir. La lengua se me traba, un fuego sutil se esparce por mis miembros, los oídos se me llenan de zumbidos, los ojos se me cubren de tinieblas].
b | De la misma manera, no es en el ardor vivo y más hiriente del arrebato cuando estamos en condiciones de explayarnos con lamentos y persuasiones; el alma se encuentra entonces abrumada por hondos pensamientos, y el cuerpo, abatido y languideciente de amor. a | Y de ahí surge a veces el desfallecimiento fortuito que sorprende a los enamorados de modo tan importuno, y el hielo que se adueña de ellos, en el seno mismo del placer, por la violencia de un ardor extremo.[14] Todas las pasiones que se dejan probar y digerir son sólo mediocres:
Curae leues loquuntur, ingentes stupent.[15]
[Las cuitas leves hablan, las grandes son mudas].
b | La sorpresa de un placer inesperado nos aturde igual:
Vt me conspexit uenientem, et Troia circum
arma amens uidit, magnis exterrita monstris,
diriguit uisu in medio, calor ossa reliquit,
labitur, et longo uix tandem tempore fatur.[16]