Los ensayos
Los ensayos b | Va contra la forma; pero, aun asÃ, lo cierto es que en mis tiempos llevé este acuerdo, conforme a lo que su naturaleza puede tolerar, con mayor escrúpulo que ninguno, y con cierto aire de justicia; y que sólo les demostré afecto en la medida que lo sentÃa, y les expresé sinceramente su declinación, vigor y nacimiento, sus accesos y remisiones. No siempre se lleva el mismo paso. Mis promesas fueron tan parcas que creo haberlas observado más de lo prometido y debido. Ellas encontraron fidelidad hasta al servicio de su inconstancia; digo inconstancia reconocida y a veces multiplicada. Jamás rompà con ellas mientras les estuve unido, aunque sólo fuera por el extremo de un hilo. Y, por más motivos que me dieran, jamás rompà hasta el desprecio y el odio. Porque tales intimidades, aun cuando se adquieren por medio de los más infames acuerdos, siguen obligándome a cierta benevolencia. En cuanto a ira e impaciencia un poco indiscreta, con ocasión de sus tretas y evasivas, y de nuestras disputas, la mostré alguna vez. En efecto, estoy expuesto por temperamento a emociones bruscas que con frecuencia perjudican mis intereses, aunque sean ligeras y breves. Si quisieron poner a prueba la libertad de mi juicio, no dudé en ofrecerles consejos paternales e hirientes, ni en pellizcarles allà donde les dolÃa. Sà les di algún motivo de queja, fue más bien por haberse topado con un amor, en comparación con la costumbre moderna, neciamente escrupuloso. Cumplà mi palabra en cosas de las que me habrÃan fácilmente dispensado. En aquel entonces a veces se rendÃan con reputación, y con unas condiciones que ellas toleraban fácilmente que el vencedor infringiera. Más de una vez, en interés de su honor, hice ceder al placer en su momento álgido. Y cuando la razón me acuciaba, las armé contra mÃ, de tal manera que se conducÃan con más seguridad y severidad con mis reglas, si se habÃan entregado francamente a ellas, de lo que lo habrÃan hecho con las suyas propias.