Los ensayos
Los ensayos c | En tal caso, en los placeres corporales, ¿no es una injusticia enfriar el alma, y decir que hay que arrastrarla como si se tratara de una obligación y necesidad forzada y servil? Lo que le incumbe es más bien ampararlos y promoverlos, presentarse e invitarse a ellos, dado que le corresponde la misión de regir. Como también le corresponde, a mi juicio, en los placeres que le son propios, inspirar e infundir al cuerpo todo el sentimiento de que es capaz su condición, y esforzarse por que le resulten dulces y saludables. Porque es muy razonable, como suele decirse, que el cuerpo no siga sus deseos en detrimento del espíritu. Pero ¿por qué no es también razonable que el espíritu no siga los suyos en detrimento del cuerpo?