Los ensayos
Los ensayos b | ¿Lo diré, a condición de que nadie me agarre por el cuello? El amor sólo me parece propia y naturalmente oportuno en la edad cercana a la infancia:
Quem si puellarum insereres choro,
mille sagaces falleret hospites
discrimen obscurum, solutis
crinibus ambiguoque uultu.[307]
[Al que, si le introduces en un corro de muchachas, con sus cabellos sueltos y su rostro ambiguo, mil huéspedes sagaces se engañarían al discernir su sexo].
c | Y la belleza, lo mismo. Porque el hecho de que Homero la extienda hasta que el mentón empieza a sombrearse, Platón mismo lo señaló como raro.[308] Y es notoria la causa por la cual el sofista Dión llamaba[309] al vello de la adolescencia Aristogitones y Harmodios.[310] b | En la madurez, me parece ya de algún modo fuera de lugar. Y todavía más en la vejez:
Importunus enim transuolat aridas
quercus.[311]
[Pues, implacable, no detiene su vuelo en las encinas secas].
c | Y Margarita, reina de Navarra, extiende, como mujer, muy lejos la ventaja de las mujeres, prescribiendo que a los treinta años llega el momento de cambiar el título de bellas por el de buenas.[312]