Los ensayos
Los ensayos Así pues, los juicios contradictorios ni me ofenden ni me alteran; tan sólo me despiertan y ejercitan. Evitamos la corrección; habría que presentarse y exponerse ante ella, en particular cuando llega en forma de discusión, no de enseñanza. Frente a cualquier objeción, no se mira si es justa, sino, con o sin razón, cómo librarse de ella. En lugar de tenderle las manos, le tendemos las garras. Yo soportaría que mis amigos me golpearan con dureza: «Eres un bobo, estás soñando». Me gusta que, entre hombres de bien, nos expresemos con valentía, que las palabras lleguen hasta donde llegue el pensamiento. Debemos fortalecernos el oído, y endurecerlo, contra la blandura del sonido ceremonioso de las palabras. Me gusta la compañía y familiaridad fuerte y viril, la amistad que se complace en una relación ruda y vigorosa, como el amor se complace en los mordiscos y rasguños sangrientos. c | No es bastante vigorosa y noble si no es pendenciera, si es civilizada y artificial, si teme el choque y sigue caminos forzados. Neque enim disputari sine reprehensione potest.[7] [Pues no puede haber discusión sin reprensión].