Los ensayos
Los ensayos a | Pero el principal efecto de su poder es sujetarnos y aferrarnos hasta el extremo de que apenas seamos capaces de librarnos de su aprisionamiento, y de entrar en nosotros mismos para discurrir y razonar acerca de sus mandatos. En verdad, puesto que los sorbemos con la leche de nuestro nacimiento, y puesto que la faz del mundo se presenta en tal estado a nuestra primera visión, parece que hubiésemos nacido con la condición de seguir este camino. Y las comunes figuraciones que encontramos revestidas de autoridad a nuestro alrededor, e infundidas en nuestra alma por la semilla de nuestros padres, parece que fuesen las naturales y generales.[46]
c | De ahí procede que aquello que se sale de los quicios de la costumbre se crea fuera de los quicios de la razón: Dios sabe con qué poca razón las más de las veces. Si, como hemos aprendido a hacer nosotros que nos estudiamos, todo aquel que oye una opinión justa examinara de inmediato en qué le concierne a sí mismo, descubriría que no es tanto una buena ocurrencia como un buen latigazo a la habitual necedad de su juicio. Pero las advertencias de la verdad y sus preceptos se reciben como si se dirigieran al pueblo y jamás a uno mismo; y, en lugar de aplicarlas al comportamiento, se aplican a la memoria, muy necia e inútilmente. Volvamos al imperio de la costumbre.