Los ensayos
Los ensayos tanto como la abundancia; y en mi casa atiendo exactamente a la necesidad, poco al alarde. Si un criado se pelea en casa de otro, si un plato se vierte, te limitas a reír; tú duermes mientras el señor arregla sus cosas con el mayordomo para ver cómo te tratará al día siguiente. c | Hablo por mí, sin dejar de apreciar en general hasta qué punto un hogar apacible, próspero, dirigido con recto orden, es, para ciertas naturalezas, una dulce ocupación; y sin querer añadir a la cosa mis propios errores e inconvenientes, ni desmentir a Platón, que considera que dedicarse a los asuntos particulares sin injusticia es el quehacer más feliz para todo el mundo.[40]
b | Cuando viajo no tengo que pensar sino en mí y en el gasto de mi dinero; esto se dispone con un solo precepto. Para atesorar se requieren excesivas cualidades; no soy nada entendido en la cuestión. De gastar entiendo un poco, y de dar lustre a mi gasto, que es en verdad su principal uso. Pero me aplico a él con excesiva ambición, cosa que lo vuelve desigual y deforme, y, además, inmoderado en uno y otro sentido. Si es visible, si es útil, me dejo ir insensatamente, y me repliego con la misma insensatez si no brilla ni me sonríe.