Los ensayos
Los ensayos Ya sea el arte o la naturaleza lo que nos imprime una forma de vivir dependiente de los demás, nos hace mucho más mal que bien. Nos privamos de nuestras propias ventajas para acomodar las apariencias a la opinión común. Nos importa menos cómo somos para nosotros y de hecho que cómo somos en el conocimiento público. Hasta los bienes del espíritu, y la sabiduría, nos parecen infructuosos si sólo nosotros gozamos de ella, si no se expone a la mirada y a la aprobación ajena. El oro de algunos fluye a borbotones por lugares subterráneos, imperceptiblemente; otros lo despliegan todo en láminas y planchas. De tal suerte que en unos los ochavos valen como escudos; en otros, a la inversa. El mundo, en efecto, estima su gasto y valor según la apariencia. Toda preocupación meticulosa en torno a las riquezas tiene trazas de avaricia, aun su dispensación, y la generosidad demasiado ordenada y artificial. No merecen una atención y una solicitud penosas. Quien pretende que su gasto sea justo, lo hace estricto y forzado. El ahorro o el gasto son de suyo cosas indiferentes, y no toman la apariencia de bien o de mal sino por la aplicación de nuestra voluntad.
La otra causa que me incita a estos paseos es el desacuerdo con las costumbres actuales de nuestro Estado. Me consolaría fácilmente de esta corrupción en lo que concierne al interés público:
peioraque saecula ferri