Los ensayos
Los ensayos b | El favor público me ha procurado un poco más de audacia de lo que esperaba, pero lo que más temo es hartar. PreferirÃa herir a cansar, como lo ha hecho un docto de estos tiempos. La alabanza es siempre grata, venga de quien venga y sea por la razón que sea. Sin embargo, para complacerse en ella con justicia, uno debe estar informado de su motivo. Incluso las imperfecciones tienen su manera de hacerse estimar. La valoración vulgar y común es poco afortunada en acierto. Y, en estos tiempos, me equivoco si los peores escritos no son los que han ganado el favor del viento popular. Ciertamente, doy gracias a los hombres honestos que se dignan tomar a bien mis pobres esfuerzos. No hay lugar donde los defectos de forma se evidencien tanto como en la materia que de suyo carece de mérito. No me eches en cara, lector, los que se deslizan aquà por fantasÃa o inadvertencia ajena. Cada mano, cada operario aporta los suyos. Yo no intervengo ni en la ortografÃa —y sólo ordeno que sigan la antigua—,[84] ni en la puntuación. Soy poco experto en una y en otra. Cuando rompen por completo el sentido, me inquieto poco, pues al menos me descargan de responsabilidad. Pero, cuando lo sustituyen por uno falso, como hacen tan a menudo, y me desvÃan hacia su concepción, me arruinan. Con todo, cuando la frase no sea fuerte según mi medida, un hombre honesto debe rehusarla como mÃa. A quien sepa hasta qué punto soy poco laborioso, hasta qué punto estoy hecho a mi manera, le será fácil creer que preferirÃa volver a dictar otros tantos ensayos a someterme a repasar éstos en aras de tal pueril corrección.