Los ensayos
Los ensayos c | Me conozco bien. Pero me resulta difícil imaginar una generosidad tan pura de alguien hacia mí, una hospitalidad tan franca y gratuita, que no me parezca desdichada, tiránica y teñida de reproche si la necesidad me envuelve en ella. Así como el dar es una cualidad ambiciosa y privilegiada, el aceptar es una cualidad de sumisión.[99] Lo prueba el injurioso y pendenciero rechazo de Bayazeto a los regalos que le enviaba Timur.[100] Y aquellos que le ofrecieron al emperador de Calicut, de parte del emperador Solimán, le irritaron tanto que no sólo los rechazó con aspereza, diciendo que ni él ni sus predecesores estaban acostumbrados a recibir, y que su función era dar, sino que, además, hizo arrojar a los embajadores enviados a tal efecto a una mazmorra.[101]
Cuando Tetis, dice Aristóteles, halaga a Júpiter, cuando los lacedemonios halagan a los atenienses, no les refrescan el recuerdo de los favores que les han hecho, lo cual es siempre odioso, sino el recuerdo de los favores que han recibido de ellos.[102] Éstos a quienes veo recurrir con tanta familiaridad a cualquiera, y contraer obligaciones, no lo harían si saborearan como yo la dulzura de una libertad completa, y si les pesara como debe pesarle al sabio el compromiso de una obligación. Ésta puede a veces satisfacerse, pero no se disuelve jamás.