Los ensayos
Los ensayos Yo no he alcanzado ese vigor desdeñoso que se fortifica en sí mismo, al que nada ayuda ni altera; estoy en un punto más bajo. Intento esconderme y sustraerme de este trance, no por miedo, sino por arte. No es mi propósito dar pruebas o muestras de firmeza en tal acción. ¿Para quién? Entonces cesará todo el derecho y todo el interés que tengo en la reputación. Me basta con una muerte recogida en sí misma, serena y solitaria, del todo mía, acorde con mi vida retirada y privada. Al contrario que en la superstición romana, en la cual se consideraba infeliz a quien moría sin hablar, y a quien no disponía de los más allegados para que le cerraran los ojos,[145] yo tengo bastante trabajo consolándome, sin haber de consolar a los demás, suficientes pensamientos en la cabeza sin que las circunstancias me faciliten otros nuevos, y bastante materia para entretenerme sin haberla de coger prestada. Este ejercicio no es una representación social; es el acto de un solo personaje. Vivamos y riamos entre los nuestros; vayamos a morir y a refunfuñar entre desconocidos. Pagando, encuentras quien te gira la cabeza, y quien te frota los pies, quien sólo te apremia si así lo quieres; éste te presentará un semblante indiferente, dejará que te gobiernes y lamentes a tu manera.