Los ensayos
Los ensayos Noto este provecho inesperado de la publicación de mis costumbres: que me sirve en alguna medida de regla. A veces se me presenta alguna consideración de no traicionar la historia de mi vida. Esta pública declaración me obliga a seguir mi camino, y a no desmentir la imagen de mis hábitos, por lo común menos desfiguradas y contradichas de lo que comporta la malicia y enfermedad de los juicios actuales. La uniformidad y simplicidad de mi conducta ofrece sin duda una apariencia de cómoda interpretación, pero, puesto que su forma es un poco nueva e inusual, da excesivas facilidades a la maledicencia. Con todo, es cierto que, si alguien quiere injuriarme lealmente, me parece que le brindo materia suficiente de censura con mis imperfecciones confesadas y conocidas, y suficiente para saciarse, sin tener que dar golpes al aire. Si, por anticipar yo mismo la censura y la revelación, le parece que mitigo su ataque, es razonable que se arrogue el derecho a la amplificación y la extensión —los derechos de la ofensa van más allá de la justicia—, y que los vicios cuyas raíces en mí le muestro, los engrandezca como árboles; que se valga no sólo de aquellos que me dominan, sino también de los que no hacen más que amenazarme. Son vicios injuriosos, en clase y en número; que me golpee por ahí.