Los ensayos
Los ensayos Puesto que la fantasÃa de cada cual la encuentra más o menos áspera, puesto que todo el mundo tiene alguna preferencia entre las formas de morir, intentemos, yendo un poco más allá, encontrar alguna exenta de toda desazón. ¿No podrÃamos hacerla incluso placentera, como los compañeros de muerte de Antonio y de Cleopatra?[164] Dejo de lado las gestas que producen la filosofÃa y la religión, violentas y ejemplares. Pero, entre los hombres de poca valÃa, ha habido algunos, como un Petronio y un Tigelino en Roma, obligados a darse muerte, que casi la han adormecido con la delicadeza de sus preparativos.[165] La han hecho pasar y deslizar entre la molicie de sus pasatiempos acostumbrados, entre muchachas y alegres camaradas —ninguna palabra de consuelo, ninguna mención al testamento, ninguna pretensión ambiciosa de firmeza, ningún discurso sobre su condición futura—, entre juegos, banquetes, bromas, conversaciones comunes y populares, y música, y versos amorosos.[166] ¿No podrÃamos imitar esta resolución con una actitud más honesta? Dado que hay muertes buenas para los necios, y buenas para los sabios, encontremos alguna que sea buena para los de en medio. c | Mi imaginación me ofrece alguna apariencia fácil y, puesto que hay que morir, deseable. Los déspotas romanos pensaban que concedÃan la vida al criminal al que dejaban elegir su muerte. Pero Teofrasto, un filósofo tan sutil, tan modesto, tan sabio, ¿no se vio forzado por la razón a osar decir este verso, latinizado por Cicerón?: