Los ensayos
Los ensayos Podemos echar de menos tiempos mejores, pero no huir de los actuales; podemos desear otros magistrados, pero, no obstante, hay que obedecer a éstos.[219] Y tal vez sea más digno de alabanza obedecer a los malos que a los buenos. Mientras la imagen de las leyes heredadas y antiguas de esta monarquía brille en algún rincón, ahí me planto. Si por desgracia se contradicen y estorban entre sí, y generan dos partidos de elección dudosa y difícil, mi opción será probablemente evitar y eludir la tormenta; la naturaleza me podrá echar mientras tanto una mano, o los azares de la guerra. Entre César y Pompeyo, yo me habría declarado sin ambages.[220] Pero, entre aquellos tres ladrones que vinieron después,[221] habría habido que esconderse o seguir el viento. Lo considero lícito cuando la razón deja de guiar:
Quo diuersus abis?[222]
[¿Adonde te diriges?].