Los ensayos
Los ensayos Los hombres se ofrecen en alquiler. Sus facultades no son para sà mismos, son para aquellos a quienes se someten; sus arrendatarios están en su casa, no son ellos. No me gusta esta inclinación habitual. Debemos reservar la libertad de nuestra alma, y no hipotecarla salvo en las ocasiones justas; y éstas son muy escasas, si juzgamos sanamente. Ved a la gente acostumbrada a dejarse llevar y apresar; lo hacen en todo, en lo pequeño como en lo grande, en aquello que no les incumbe como en aquello que les concierne. Se inmiscuyen indiscriminadamente allà donde hay alguna tarea,[4] y no viven si no están en plena agitación tumultuosa. c | In negotiis sunt negotii causa.[5] No buscan la actividad sino por la actividad. No es tanto que pretendan avanzar como que no pueden frenarse; ni más ni menos que una piedra impulsada en su caÃda, que no se detiene hasta que yace en el suelo.[6] Para cierta clase de gente la ocupación es signo de valÃa y de dignidad. b | Su espÃritu busca el reposo en el movimiento, como los niños en la cuna. Se les puede llamar tan serviciales para sus amigos como importunos para sà mismos. Nadie reparte su dinero entre los demás, todo el mundo reparte su tiempo y su vida.[7] En nada somos tan pródigos como en estas cosas, las únicas en las que la avaricia nos resultarÃa útil y loable.