Los ensayos
Los ensayos A mi llegada, me descubrÃ, fiel y escrupulosamente, tal como siento que soy —sin memoria, sin atención, sin experiencia y sin vigor; también sin odio, sin ambición, sin avaricia y sin violencia—, para que estuvieran informados e instruidos de lo que podÃan esperar de mi servicio. Y, dado que sólo los habÃa incitado el conocimiento de mi difunto padre, y el honor de su memoria, añadà ante ellos, con toda claridad, que me entristecerÃa mucho que alguna cosa produjera tanta impresión en mi voluntad como la habÃan producido en su momento en la suya sus asuntos y su ciudad, mientras la habÃa gobernado, en ese mismo puesto al que me habÃan llamado.[13] Me acordaba de que le habÃa visto en su vejez, siendo yo un niño, con el alma cruelmente turbada por los enredos públicos; olvidado del dulce aire de su casa, donde la flaqueza de los años, y su administración y su salud, lo habÃan fijado desde mucho tiempo atrás; y desdeñoso, ciertamente, de su vida, que estuvo a punto de perder, obligado por ellos a efectuar largos y penosos viajes. Él era asÃ; y este carácter procedÃa de una gran bondad natural. Jamás hubo alma más caritativa y amante del pueblo. Yo no quiero seguir este camino, que alabo en otros; y no carezco de excusa. Él habÃa oÃdo decir que era preciso olvidarse de uno mismo por el prójimo, que lo particular no merecÃa consideración alguna frente a lo general.