Los ensayos

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Al ver Sócrates que llevaban con gran pompa por su ciudad una gran cantidad de riqueza, joyas y muebles de valor, dijo: «¡Cuántas cosas no deseo!».[38] b | Metrodoro vivía con el peso de doce onzas al día, Epicuro, con menos;[39] Metrocles dormía en invierno con los carneros, en verano en los claustros de las iglesias.[40] c | Sufficit ad id natura, quod poscit[41] [La naturaleza basta para sus exigencias]. Cleantes vivía de sus manos, y se jactaba de que Cleantes, si quería, podía alimentar todavía a otro Cleantes.[42]

b | Si lo que nos exige la naturaleza estricta y originalmente para la conservación de nuestro ser es demasiado poco —hasta qué punto es en verdad así, y a qué escaso precio puede mantenerse nuestra vida, no puede expresarse mejor que con esta consideración: que tan poco es, que escapa a la conquista y a la oposición de la fortuna por su pequeñez—,[43] concedámonos alguna cosa más: llamemos también naturaleza a la costumbre y a la condición de cada uno de nosotros; tasémonos, tratémonos según esta medida, extendamos nuestras pertenencias y nuestras cuentas hasta ahí. Pues hasta ahí, me parece, tenemos alguna excusa. La costumbre es una segunda naturaleza, y no menos poderosa.[44] c | Lo que le falta a mi costumbre, considero que me falta a mí. b | Y me gustaría casi igual que me privaran de la vida o que me rebajaran y menguaran en mucho el estado en que la he vivido tanto tiempo.


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