Los ensayos
Los ensayos Ahora bien, sostengo que, no sólo en la medicina, sino en muchas artes más ciertas, la fortuna tiene gran participación. Los arrebatos poéticos, que arrastran al autor y lo arrebatan fuera de sÃ, ¿por qué no hemos de atribuirlos a su ventura?[7] Él mismo, en efecto, confiesa que sobrepasan su capacidad y sus fuerzas, y reconoce que surgen de otro sitio que su interior, y que en modo alguno están en su poder —como los oradores no dicen que estén en su poder los movimientos y las agitaciones extraordinarias que les empujan más allá de su propósito—. Lo mismo sucede en la pintura, que a veces escapa de los trazos de la mano del pintor, sobrepasando su concepción y su ciencia, que le llevan a admirarse de sà mismo y le dejan atónito. Pero la fortuna muestra de manera aún más clara su participación en todas estas obras por las gracias y bellezas que se encuentran en ellas no sólo sin la intención del artÃfice sino incluso sin su conocimiento. El lector capaz descubre a menudo en los escritos ajenos otras perfecciones que las que el autor ha puesto y advertido en ellos, y les presta sentidos y aspectos más ricos.[8]