Los ensayos
Los ensayos b | No tenía que hacer otra cosa que conservar y sobrevivir, que son acciones sordas e insensibles. La innovación tiene un gran lustre. Pero está prohibida en estos tiempos en los cuales las novedades nos acucian, y no hemos de defendernos sino de ellas. c | El abstenerse de actuar es a menudo tan noble como la acción, pero es menos visible. Y mi escasa valía es casi toda de ese tipo. b | En suma, las ocasiones, en este cargo, han secundado mi temperamento; les estoy muy agradecido por ello. ¿Hay alguien que desee estar enfermo para ver actuar a su médico?; ¿y no habría que azotar al médico que nos deseara la peste para poner su arte en práctica? No me ha afectado esta inclinación inicua, y bastante común, de desear que el desorden y la enfermedad de los asuntos ciudadanos realzaran y honraran mi gobierno. He respaldado de buena gana su comodidad y facilidad. Si alguien no me quiere agradecer el orden, la suave y muda tranquilidad que ha acompañado mi conducta, al menos no puede privarme de la parte que me corresponde por el título de mi buena fortuna. Y estoy hecho de tal manera que no me gusta menos ser dichoso que ser sabio, ni deber mis éxitos puramente a la gracia de Dios que deberlos a mi intervención. Yo había explicado con suficiente claridad al mundo mi incapacidad para tales manejos públicos. Hay en mí algo peor que esta incapacidad: que apenas me disgusta, y que apenas intento curarla, habida cuenta la forma de vida que me he propuesto seguir. No me he satisfecho más a mí mismo con esta actividad. Pero he logrado más o menos aquello que me había prometido; e incluso he superado con creces lo que había prometido a aquellos con quienes tenía obligación. Porque suelo prometer un poco menos de lo que puedo, y de lo que espero mantener. Estoy seguro de no haber dejado ni ofensa ni odio. En cuanto a haber dejado añoranza y anhelo de mí, por lo menos sé muy bien que no he puesto mucho empeño en ello: