Los ensayos
Los ensayos b | Nuestros placeres convienen a nuestra fortuna; no usurpemos los de la grandeza. Los nuestros son más naturales; y tanto más sólidos y seguros cuanto más bajos. Rehusemos la ambición, ya que no por conciencia, al menos por ambición. Desdeñemos el afán de renombre y de honor, bajo y mendicante, que nos lleva a mendigarlo de toda suerte de gente c | —quae est ista laus quae possit e macello peti?[105] [¿qué clase de alabanza es ésta, que puede adquirirse en el mercado?]—, b | por medios abyectos y a cualquier vil precio. Ser honrado asà es una deshonra. Aprendamos a no ser más ávidos que capaces de gloria. El hincharse por cualquier acción útil e inocente es propio de gente para la cual es extraordinaria y singular. La quieren vender por el precio que les cuesta. Cuanto más brillo posee una buena acción, más resto de su bondad mi sospecha de que haya sido producida más para ser brillante que para ser buena. Expuesta, está medio vendida. Poseen mucha más gracia aquellas acciones que escapan de la mano de su artÃfice con despreocupación y sin ruido, y que algún hombre honesto distingue después, y retira de la sombra, para sacarlas a la luz por sà mismas. c | «Mihi quidem laudabiliora uidentur omnia, quae sine uenditatione et sine populo teste fiunt»[106] [Me parecen, en efecto, más dignas de alabanza las cosas que se hacen sin vanidad y sin el pueblo como testigo], dice el más vanidoso hombre del mundo.