Los ensayos
Los ensayos b | Siendo un niño, vi un proceso que Coras, consejero de Toulouse, hizo imprimir, de un suceso extraño: el de dos hombres que se presentaban el uno por el otro.[21] Me acuerdo —y no me acuerdo además de otra cosa— que me pareció que habÃa hecho la impostura de aquél al que declaró culpable tan extraordinaria y rebasando de tan lejos nuestro conocimiento, y el suyo, que era juez, que encontré mucha audacia en la sentencia que le habÃa condenado a la horca. Admitamos alguna forma de sentencia que diga: «La corte no entiende nada», con mayor libertad e ingenuidad que lo hicieron los aeropagitas, que, viéndose apremiados por una causa que no podÃan desenmarañar, ordenaron que las partes volviesen al cabo de cien años.[22]