Los ensayos
Los ensayos b | que es un medio mucho más débil y más vil. Pero la verdad es una cosa tan grande, que no debemos desdeñar intermediario alguno que pueda conducirnos hasta ella. La razón posee una variedad tal de formas, que no sabemos con cuál quedarnos; la experiencia no posee menos. La consecuencia que pretendemos inferir de la comparación entre acontecimientos es incierta, pues éstos son siempre diferentes. En esta imagen de las cosas ninguna cualidad es tan universal como la diversidad y variedad.[3] Griegos y latinos, y también nosotros, utilizamos, como ejemplo más claro de similitud, el de los huevos. Sin embargo, ha habido hombres, y en particular uno en Delfos, que reconocÃa signos de diferencia entre los huevos, de suerte que jamás los confundÃa; c | y, aunque hubiera muchas gallinas, era capaz de juzgar de cuál era el huevo.[4] b | La diferencia se inmiscuye por sà misma en nuestras obras; ningún arte puede alcanzar la similitud. Ni Perrozet ni nadie puede pulir y blanquear con tanto esmero el dorso de sus cartas que no haya jugadores que las distingan sólo con verlas deslizarse por las manos de otro. La semejanza no iguala tanto como la diferencia distingue.[5] c | La naturaleza se ha obligado a no hacer ninguna cosa distinta que no sea diferente.[6]