Los ensayos
Los ensayos b | ¡Cuán a menudo, y qué neciamente acaso, he extendido mi libro para hablar de él! c | Neciamente, aunque sólo sea porque deberÃa acordarme de cuanto digo de los demás que hacen esto mismo: que esas miradas tan frecuentes a sus obras prueban que tienen el corazón estremecido por su amor, y que hasta los desdeñosos maltratos con que la golpean no son sino mimos y coqueterÃas de favor maternal, en conformidad con Aristóteles, para quien el preciarse y el despreciarse surgen a menudo de un similar aire arrogante.[23] Porque mi excusa —que debo tener en esto más libertad que los otros, dado que precisamente escribo sobre mÃ, y sobre mis escritos, lo mismo que sobre mis restantes acciones; que mi tema se vuelve sobre sà mismo— no sé si todo el mundo la admitirá.