Los ensayos
Los ensayos Dado que las leyes éticas, que miran al deber particular de cada cual en sí mismo, son tan difíciles de fijar, como vemos que lo son, no es extraordinario que las que gobiernan a tantos particulares lo sean aún más. Examinemos la forma de la justicia que nos rige; es una verdadera prueba de la flaqueza humana: hasta tal punto llegan sus contradicciones y sus errores. Lo que nos parece favor y severidad de la justicia, y hay tantas cosas que nos lo parecen que no sé si lo intermedio se encuentra tan a menudo, son partes enfermizas y elementos injustos del cuerpo mismo y de la esencia de la justicia. Unos campesinos acaban de advertirme a toda prisa de que han dejado ahora mismo en un bosque de mi posesión a un hombre magullado por cien golpes, que todavía respira, y que les ha pedido agua por piedad, y ayuda para levantarse. Dicen que no se han atrevido a acercarse a él, y que se han escapado, por miedo a que los alguaciles los atrapen, y, como suele hacerse con quienes son encontrados junto a un hombre asesinado, tengan que rendir cuentas del suceso para su total ruina, al no tener ni capacidad ni dinero para defender su inocencia. ¿Qué podía decirles? No cabe duda de que el deber humanitario los habría puesto en un aprieto.