Los ensayos
Los ensayos Un alemán me complació, en Augsburgo, atacando la incomodidad de nuestros hogares, con el mismo argumento del que nos solemos servir para condenar sus estufas.[72] Porque, a decir verdad, este calor estancado, y, además, el olor de la materia recalentada de que están compuestas, marea a la mayorÃa de quienes no están acostumbrados; a mÃ, no. Pero, por lo demás, al tratarse de un calor uniforme, constante y general, sin brillo, sin humo, sin el viento que entra por la abertura de nuestras chimeneas, puede compararse muy bien con el nuestro en lo restante. ¿Acaso no imitamos la arquitectura romana? Se dice, en efecto, que antiguamente en las casas sólo se hacÃa fuego en el exterior y en el suelo: de ahà el calor se infundÃa a toda la casa, a través de ciertos tubos practicados en el grueso del muro, que iban abarcando los lugares que debÃan ser caldeados. Lo he visto claramente explicado, no sé dónde, en Séneca.[73] Aquél, tras oÃrme alabar las ventajas y las bellezas de su ciudad, que ciertamente lo merece, empezó a compadecerme por que tuviera que marcharme de ella. Y uno de los primeros inconvenientes que me alegó, fue la pesadez de cabeza que me producirÃan las chimeneas en los demás sitios. HabÃa oÃdo formular esta queja a alguien, y nos la atribuÃa, privado como estaba por la costumbre de percibirla en su casa. Todo calor que venga del fuego me debilita y me entorpece. Sin embargo, decÃa Eveno que el fuego era el mejor condimento de la vida.[74] Por mi parte, prefiero cualquier otra manera de escapar al frÃo. Tememos los vinos del fondo del barril; en Portugal este aroma hace las delicias y es bebida de prÃncipes. En suma, cada nación posee numerosas costumbres y modas que son no sólo desconocidas, sino salvajes y milagrosas para cualquier otra nación.