Los ensayos

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He aquí otro ejemplo. No hace mucho me encontré a uno de los hombres más doctos de Francia, entre aquellos que no son de mediocre fortuna, estudiando en el rincón de una sala que le habían cerrado con tapicería; y, a su alrededor, el alboroto desenfrenado de sus criados. Me dijo, c | y Séneca dice casi lo mismo que él,[79] b | que sacaba partido de este estruendo, como si, golpeado por el ruido, se replegara y encerrara más en sí mismo para la contemplación, y como si la tempestad de voces rechazara sus pensamientos hacia su interior. Siendo alumno en Padua, tuvo durante tanto tiempo su estudio expuesto al impacto de los carruajes y del tumulto de la plaza, que se acostumbró no sólo a despreciarlo, sino incluso a aprovecharse del ruido para sus estudios. c | Sócrates respondió a Alcibíades, asombrado de que pudiera soportar el continuo estrépito del genio de su mujer: «Como los que están acostumbrados al sonido ordinario de las norias al subir el agua».[80] b | Yo soy del todo contrario: tengo el espíritu tierno y propenso a echar a volar. Cuando está ocupado en sí mismo, el mínimo zumbido de mosca lo mata.






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