Los ensayos
Los ensayos b | Debo muchas de tales delicadezas a la costumbre. La naturaleza me ha brindado también, por otra parte, las suyas: como la de no resistir más de dos comidas completas en un dÃa sin sobrecargar mi estómago; ni la absoluta abstinencia de una de las comidas sin llenarme de flatos, secar mi boca, trastornar mi apetito; sufrir cuando estoy mucho rato al relente. En efecto, desde hace algunos años, en las obligaciones militares, cuando toda la noche transcurre en ellas, como suele suceder, al cabo de cinco o seis horas el estómago empieza a molestarme, junto a un violento dolor de cabeza, y no se me hace de dÃa sin vomitar. Asà como los demás se van a desayunar, yo me voy a dormir; y, después, estoy tan alegre como antes. Siempre habÃa oÃdo que el relente sólo caÃa al principio de la noche; pero, al frecuentar estos años pasados, con familiaridad y durante mucho tiempo, a un señor imbuido de la creencia de que el relente es más violento y peligroso cuando el sol declina, una hora o dos antes del ocaso, al cual evita con todo empeño, mientras que desprecia el de la noche, ha estado a punto de infundirme no tanto su razonamiento como su sentimiento.