Los ensayos

Los ensayos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aunque me hayan educado, en la medida de lo posible, para la libertad y la indiferencia, con todo, por descuido, dado que, con la vejez, me he adherido más a ciertas formas —mi edad no es susceptible de educación, y desde ahora no tiene otro objetivo que conservarse—, la costumbre ha impreso ya en mí, sin que me dé cuenta, hasta tal punto su carácter en ciertas cosas, que llamo excesos a apartarme de ellas. Y no puedo, sin ponerme a prueba, ni dormir de día, ni probar bocado entre comidas, ni desayunar, ni acostarme sin dejar pasar un gran intervalo, c | como de unas tres horas, b | después de la cena, ni engendrar niños sino antes del sueño, ni engendrarlos de pie, ni soportar mi sudor, ni beber agua pura o vino puro, ni permanecer durante mucho tiempo con la cabeza desnuda, ni hacerme cortar el pelo después de comer. Y me costaría tanto prescindir de mis guantes como de mi camisa, y de lavarme al dejar la mesa y al levantarme, y de dosel y de cortinas en mi lecho, como si se tratara de cosas muy necesarias. Comería sin mantel, pero al estilo alemán, sin servilleta blanca, muy incómodamente. Las ensucio más que ellos y que los italianos; y me ayudo poco de la cuchara y del tenedor.[85] Lamento que no se haya seguido una costumbre que he visto empezar por el ejemplo de los reyes: que nos cambiaran la servilleta en cada servicio, como el plato. Sabemos que el rudo soldado Mario, al envejecer, se volvió delicado para la bebida, y no la tomaba más que en su copa particular.[86] Yo me entrego también a cierta clase de vasos, y no me gusta beber en un vaso común, como tampoco de una mano común. Ningún metal me agrada en comparación con una materia clara y transparente. c | Que mis ojos saboreen también, en la medida de sus posibilidades.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker