Los ensayos
Los ensayos Así pues, tal como decía, no se me ocurre de qué otro modo los enfermos pueden estar más seguros que manteniéndose tranquilos en el curso de vida en el cual se han formado y criado. Cualquier cambio aturde y daña. ¿Cómo creer que las castañas puedan perjudicar a un perigordino o a un luquense, y la leche y el queso a los montañeses? Se les prescribe una forma de vida no ya nueva sino contraria: un cambio tal que ni uno sano podría soportar. Ordenadle a un bretón de setenta años que tome agua, encerrad a un marinero en una habitación caliente, prohibid pasear a un lacayo vasco; se les priva de movimiento y, al cabo, de aire y de luz:
An uiuere tanti est?
Cogimur a suetis animum suspendere rebus,
atque, ut uiuamus, uiuere desinimus.
Hos superesse reor, quibus et spirabilis aer,
et lux qua regimur redditur ipsa grauis?[91]
[¿Tanto valor tiene la vida? Nos vemos obligados a mantener el alma lejos de lo acostumbrado, y, para vivir, dejamos de vivir. ¿Debo decir que están aún vivos aquellos a quienes les pesa el aire que respiramos y la luz por la que nos regimos?]
Si no en otra cosa, benefician a los pacientes al menos en esto: los preparan desde bien temprano para la muerte, minándolos poco a poco y recortándoles el uso de la vida.