Los ensayos

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Sano o enfermo, me he entregado gustosamente a los deseos que me apremiaban. Atribuyo una gran autoridad a mis deseos e inclinaciones. No me agrada curar el mal mediante el mal; detesto aquellos remedios que importunan más que la propia enfermedad. Estar sometido al cólico y haber de abstenerme del placer de comer ostras son dos males a cambio de uno. La enfermedad nos hiere por un lado, la prescripción por el otro. Ya que corremos el riesgo de equivocarnos, mejor que nos arriesguemos en busca del placer. La gente hace todo lo contrario, y no piensa en nada útil que no sea penoso: la facilidad le resulta sospechosa. Mi apetito en muchas cosas se ha acomodado bastante felizmente por sí mismo, y se ha ajustado a la salud de mi estómago. Las salsas amargas y picantes me gustaron mientras fui joven; después, mi estómago se hartó de ellas y el gusto le siguió de inmediato. c | El vino daña a los enfermos: es lo primero de lo que mi boca se harta, y con un hartazgo invencible. b | Cualquier cosa que acojo con desagrado me perjudica, y nada me perjudica de lo que hago con ganas y alegría; jamás me ha infligido daño ninguna acción que me haya sido grata. Y, sin embargo, he relegado a mi placer, muy ampliamente, todo dictamen médico. Y, mientras fui joven,

Quem circumcursans huc atque huc saepe Cupido

fulgebat, crocina splendidus in tunica,[92]


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