Los ensayos
Los ensayos Pero trato a mi imaginación con toda la suavidad de que soy capaz, y la descargarÃa, si pudiera, de cualquier esfuerzo y conflicto. Hay que ayudarla y halagarla, y engañarla, si se puede. Mi espÃritu se acomoda a este servicio. No le faltan razones plausibles en todo. Si persuadiera como predica, me ayudarÃa felizmente. ¿Os apetece conocer un ejemplo? Asegura que tener cálculos es lo mejor para mÃ; que a los edificios de mi edad les toca por naturaleza sufrir alguna gotera —es hora de que empiecen a ceder y a resquebrajarse; es una necesidad común, y no se iba a hacer un nuevo milagro por mÃ; pago de este modo el arriendo debido a la vejez, y no podrÃa tener mejor trato—; que la compañÃa debe consolarme, pues he caÃdo en el infortunio más habitual entre los hombres de mi tiempo —por todos lados los veo afligidos por la misma especie de mal, y su sociedad me resulta honorable, pues suele atacar más a los grandes: su esencia tiene nobleza y dignidad—; que, entre los hombres que sufren su azote, pocos son los que salen librados con mejor trato, y además pagan el precio de soportar un régimen fastidioso, y la enojosa y diaria administración de las drogas medicinales, mientras que yo sólo lo debo a mi buena fortuna —pues ciertos caldos comunes de eringe[113] y de hierba herniaria, que dos o tres veces he engullido en honor de las damas, que, con más generosidad que acritud tiene mi mal, me ofrecÃan la mitad del suyo, me han parecido tan fáciles de tomar como inútiles en cuanto a efecto—. Se ven obligados a pagarle mil votos a Esculapio, y otros tantos escudos a su médico por la evacuación de arenilla fácil y abundante que yo consigo a menudo al favor de la naturaleza. c | Ni siquiera el decoro de mi compostura en la compañÃa usual sufre alteración, y retengo mi orina diez horas, y tanto tiempo como uno sano. b | El temor a esta dolencia, dice, te espantaba mucho más cuando te era desconocida: los gritos y la desesperación de quienes la agrÃan con su impaciencia te hicieron sentir horror por ella. Es una enfermedad que te golpea los miembros con los que más faltas has cometido; eres un hombre de conciencia: