Los ensayos
Los ensayos No me apetecen demasiado ni las ensaladas ni las frutas, salvo los melones. Mi padre detestaba toda clase de salsas; a mí me gustan todas. El comer demasiado me sienta mal; pero no sé todavía con seguridad de ningún alimento que me perjudique por sus características; tampoco noto ni la luna llena ni la menguante, ni la diferencia entre otoño y primavera. En nosotros se producen movimientos inconstantes y desconocidos; en efecto, los rábanos negros, por ejemplo, primero los encontré agradables, después molestos, ahora de nuevo agradables. En muchas cosas siento que mi estómago y mi gusto van variando de este modo: he cambiado del blanco al clarete, y después del clarete al blanco. Me encanta el pescado, y para mí los días de ayuno son los de grosura, y los de vigilia, las fiestas. Creo en lo que dicen algunos: que es más fácil de digerir que la carne. Así como tengo escrúpulos en comer carne el día de pescado, mi gusto los tiene en mezclar pescado con carne: el contraste me parece excesivamente acusado.