Los ensayos
Los ensayos La dureza del verano me resulta más hostil que la del invierno; pues, aparte de la incomodidad del calor, menos remediable que la del frÃo, y aparte del golpe que los rayos del sol asentan en la cabeza, cualquier luz resplandeciente daña mis ojos. Ahora mismo no podrÃa comer sentado frente a un fuego ardiente y luminoso. Para mitigar la blancura del papel, cuando acostumbraba a leer más, ponÃa una pieza de vidrio sobre el libro, y me sentÃa muy aliviado. Hasta el momento[164] ignoro el uso de las gafas, y veo de lejos tan bien como siempre y como el que más. Es cierto que cuando atardece empiezo a notar confusión y debilidad en la lectura, cuyo ejercicio siempre ha fatigado mis ojos, pero sobre todo de noche. c | Esto constituye un paso atrás, a duras penas sensible. Retrocederé otro más, del segundo al tercero, del tercero al cuarto, tan despacio que deberé quedarme completamente ciego antes de sentir la declinación y la vejez de mi vista. Hasta este punto las Parcas tienen arte para deshacer nuestra vida. Aun asÃ, albergo dudas de que mi oÃdo se esté quedando sordo, y veréis que habré perdido la mitad y todavÃa echaré la culpa a la voz de quienes me hablan. Hay que poner el alma en perfecta tensión para hacerle notar cómo se escapa.