Los ensayos
Los ensayos b | Mi manera de andar es viva y firme; y no sé cuál de los dos, el espíritu o el cuerpo, lo fijo más difícilmente en el mismo punto. El predicador que capta mi atención durante todo un sermón es un buen amigo. En los lugares de ceremonia, donde todo el mundo adopta una compostura tan rígida, donde he visto a las damas mantener hasta los ojos tan quietos, jamás he conseguido que alguna de mis partes no esté todo el rato desviándose. Aunque esté sentado en un sitio, estoy poco asentado en él.[165] c | La criada del filósofo Crisipo decía de su amo que sólo se emborrachaba por las piernas —pues tenía la costumbre de moverlas fuese cual fuese la posición en que se hallaba, y ella le decía entonces que el vino que agitaba a sus compañeros a él no le producía alteración alguna—.[166] Asimismo, se ha podido decir desde mi niñez que yo tenía locura, o mercurio, en los pies, hasta tal extremo sufren de agitación e inconstancia, los ponga donde los ponga.