Los ensayos
Los ensayos Yo, que me jacto de abrazar con tanto afán, y de manera tan particular, los placeres de la vida, no encuentro en ellos, cuando los miro con esta sutileza, apenas nada sino viento. Pero, ¡vaya!, somos viento en todo. Y el viento, aun asÃ, más sabiamente que nosotros, se complace zumbando, agitándose; y se contenta con sus propias funciones, sin desear la estabilidad ni la solidez, cualidades que no son suyas.
Dicen algunos que los puros placeres de la imaginación, lo mismo que los sufrimientos, son los mayores, como lo expresaba la balanza de Critolao.[174] No es nada extraordinario. Ella los compone a su antojo, y tiene paño de que cortar. Todos los dÃas veo ejemplos insignes de esto, y acaso deseables. Pero yo, de condición mixta, burdo, no puedo apegarme de manera tan completa a este único objeto, tan simple que no me entregue con toda pesadez a los placeres presentes de la ley humana y general. Intelectualmente sensibles, sensiblemente intelectuales. Los filósofos cirenaicos pretenden que los placeres corporales, como los sufrimientos, son más poderosos, por ser dobles y por ser más justos.[175]