Los ensayos
Los ensayos b | Pero, además, para verlo, haz que algún dÃa te cuenten las ocupaciones y las fantasÃas que aquél se mete en la cabeza, y por las cuales aparta el pensamiento de una buena comida y se lamenta de la hora que emplea en alimentarse. Descubrirás que nada hay tan insÃpido en ninguno de los platos de tu mesa como ese bonito quehacer de su alma —la mayorÃa de las veces más nos valdrÃa estar completamente dormidos que velar por lo que velamos—, y descubrirás que su razonamiento y sus intenciones no valen tu guisado. Aunque se tratara de los arrebatos del mismo ArquÃmedes,[224] ¿qué importarÃa? No me refiero aquÃ, y no mezclo, con la chiquillerÃa de hombres que somos nosotros, y con los vanos deseos y pensamientos que nos distraen, esas almas venerables, elevadas por ardor devoto y religioso a una constante y concienzuda meditación de las cosas divinas, c | que, anticipando con la fuerza de una viva y vehemente esperanza, el uso del alimento eterno, objetivo final y última estación de los deseos cristianos, único placer firme e incorruptible, desdeñan prestar atención a nuestros indigentes bienes, pasajeros y ambiguos, y abandonan fácilmente al cuerpo el cuidado y el uso del alimento sensible y temporal. b | Éste es un estudio privilegiado.[225] c | Entre nosotros,[226] son cosas que siempre he visto en singular acuerdo: las opiniones supracelestes y el comportamiento subterráneo.