Los ensayos
Los ensayos c | Censurar en otros mis propias faltas no me parece más contradictorio que censurar, como hago a menudo, las de otros en mÃ. Hay que denunciarlas allà donde estén y arrebatarles cualquier refugio. Pese a todo, no ignoro la audacia con la que intento yo mismo igualarme siempre a mis hurtos, ir a la par con ellos, no sin la temeraria esperanza de poder engañar la mirada de los jueces al distinguirlos. Pero lo hago tanto por la manera en que los aplico como por medio de mi invención y mi fuerza. Y, además, no lucho ni en general ni cuerpo a cuerpo con esos viejos campeones; lo hago mediante asaltos continuos, pequeños y leves. No me enfrento con ellos, me limito a tantearlos; y más que ir, amago con ir. Si pudiera resistir su envite, serÃa un hombre honorable, porque los ataco sólo por donde son más fuertes.