Los ensayos
Los ensayos Hacer lo que he descubierto que hacen algunos, protegerse con armas ajenas hasta el extremo de no enseñar siquiera la punta de los dedos, llevar adelante un propósito —como es fácil para los doctos en una materia común— por medio de invenciones antiguas recogidas aquà y allá, es en primer lugar, en quienes pretenden esconderlas y apropiárselas, una injusticia y una cobardÃa. No poseen bien alguno con el que exhibirse y tratan de presentarse por medio de un valor del todo ajeno. Y, además, es una gran necedad contentarse con adquirir engañosamente la aprobación ignorante del vulgo, y desacreditarse entre la gente de entendimiento, que arruga el ceño ante esta incrustación prestada, y cuya alabanza es la única que importa. Por mi parte, es lo último que querrÃa hacer. No alego a los otros sino para alegarme tanto más a mà mismo. Esto no se refiere a los centones que se publican como centones; aparte de los antiguos, en estos tiempos he visto algunos muy ingeniosos, entre otros uno cuyo autor es Capilupi.[10] Se trata de espÃritus que destacan tanto en otras cosas como en esto, al modo de Lipsio en el docto y laborioso tejido de sus PolÃticas.[11]