Los ensayos
Los ensayos c | Endurecerle el alma no basta; hay que endurecerle también los músculos. El alma sufre excesivo agobio si no es secundada, y tiene demasiado trabajo para proveer por sí sola a dos cometidos. Yo sé cómo pugna la mía junto a un cuerpo tan blando, tan sensible, que se abandona en tal medida, en contra de ella. Y, cuando leo, observo muchas veces que, en sus escritos, mis maestros consideran como magnanimidad y fuerza de ánimo ejemplos que seguramente dependen más bien del espesor de la piel y de la dureza de los huesos. He visto hombres, mujeres y niños que han nacido de tal manera que una tunda de palos les afecta menos que a mí un papirotazo, que no mueven ni la lengua ni el ceño si se les golpea. Cuando los atletas remedan la resistencia de los filósofos, se trata más bien de vigor muscular que anímico. Ahora bien, acostumbrarse a soportar el esfuerzo es acostumbrarse a soportar el dolor. Labor callum obducit dolori[42] [El esfuerzo opone un callo al dolor]. Hay que avezarlo al esfuerzo y a la dureza de los ejercicios, si se quiere disponerlo al esfuerzo y a la dureza de la dislocación, del cólico, del cauterio, y también de la cárcel y de la tortura. Porque también puede estar expuesto a estas últimas, que en estos tiempos afectan tanto a los buenos como a los malos. Estamos expuestos a tales pruebas. Quien se enfrenta a las leyes, amenaza a la gente de bien[43] con el látigo y con la soga.