Los ensayos
Los ensayos b | Juan Ziska, que agitó la Bohemia en defensa de los errores de Wyclef, quiso que a su muerte lo desollaran, y que con su piel hicieran un tambor para llevarlo a la guerra contra sus enemigos. Pensaba que esto ayudarÃa a continuar las victorias que habÃa conseguido en las guerras que habÃa realizado contra ellos.[20] De igual manera, ciertos indios llevaban a la lucha contra los españoles la osamenta de uno de sus capitanes, en vista de la fortuna que habÃa tenido en vida.
Y otros pueblos de ese mismo mundo arrastran a la guerra los cadáveres de los valientes que han muerto en sus batallas, para que les den buena suerte y les sirvan de incentivo.[21]
a | Los primeros ejemplos no le reservan a la tumba sino la reputación adquirida con las acciones pasadas; éstos, en cambio, pretenden añadir además el poder de actuar. El caso del capitán Bayard es más fácil de asimilar. Sintiéndose herido de muerte por un arcabuzazo recibido en pleno cuerpo, le aconsejaron apartarse de la pelea. Respondió que no empezarÃa a dar la espalda al enemigo en sus últimas horas; y, tras haber combatido mientras tuvo fuerzas, al sentirse desfallecer y caer del caballo, ordenó a su mayordomo que lo recostara al pie de un árbol, pero de tal suerte que pudiera morir con el rostro vuelto hacia el enemigo, como hizo.[22]